Los propietarios convirtieron lo que antes era el spa y hotel deportivo del banco nacional federal austriaco, en un lugar mágico donde los huéspedes se convierten en amigos durante su estancia. La idea no era crear un hotel de lujo, sino un segundo hogar para mentes creativas que puedan participar en un intercambio durante sus vacaciones, inspirarse y querer florecer. El antiguo encanto de la casa debía mantenerse en la medida de lo posible, para crear una simbiosis entre la historia de Bad Gastein y el nuevo mundo creativo. En resumen: el glamour de los años 50 y 60, la atmósfera de Bohéme, los escritorios Saarinen, las sillas Bertoia y una copa de vino o Gin Tonic.
"El Bar es como un plató de cine alpino (...) Es el corazón de la casa y un lugar, donde puedes quedarte todo el día". - The Standard